02 marzo, 2014

En mi

Vagabundeando por ahí entre tantas rosas del jardín que he cuidado una llamó mi atención y atrajo mi sentido de vista: una rosa negra con espinas que al acariciarla estas penetraron en mi piel y dejaron a mi sentido del tacto atolondrado del dolor que me causaron.
No decidí pisar la rosa a pesar del daño que me causó si no que recostada a su lado en el césped la admiré.

Pasaron días y cada mañana visité esa rosa negra para recostarme y observarla.
Después de tanta observación me atreví a acariciar su tallo de vuelta y sus espinas volvieron a hacerme daño pero aún asi no me retiré. Días seguidos seguí con el tallo y acostumbre a mi tacto a el dolor que estas causaban.

Otoño habia llegado y comencé a darle cuidados más de los necesarios para que mi rosa se mantuviera de pie, el viento comenzaba a soplar y a hacer bailar y sonar las hojas de los árboles.

Ya conociendo su tallo y sus espinas me fije más en sus pétalos. Observandolos de cerca el viento pasó jugando entre los pétalos y a mi sentido del olfato algo lo cautivó me decía que ese olor sería adictivo para mi. Acercando más mi rostro a la rosa esperé otra vez al viento juguetón el cual no demoró en acercarse, mi sorpresa fue que mi sentido del olfato no sólo se sació si no tambien el auditivo, el viento al rozar contra los pétalos de mi rosa provocaba una suave melodía que me adentraba en tranquilidad.

Asi fue como esa rosa me encantó, me provocó dolor al querer estar en contacto con ella y mostró una apariencia aburrida y triste para muchos pero al llamar mi atención, estar con ella y conocerla más descubrí que con todo lo que hacia sentir a mis 4 sentidos y lo que me hacia sentir a mi tenia que conservarla conmigo y no perderla puesto que era especial.

Las hojas del calendario cambiaban de página e indicaron que el invierno había llegado, esa rosa comenzaba a marchitarse, comencé a preocuparme mucho pues a pesar de mis tratos especiales la rosa no respondía bien y no era capaz de arrancarla para conservarla como era.

Casi terminaba el invierno, como casi terminaban sus pétalos de caer y mis lágrimas apenas comenzaban. Mi rosa, mi querida rosa moría lentamente y yo me sentía incapaz de hacer algo por salvarla después de tanto que investigué e hice.... Recordé un cuento que de niña leí: el ruiseñor y la rosa, donde un ruiseñor se pegaba contra la rosa para darle calor y revivirla, pero esta lo mataba ya que sus espinas atravesaron su frágil piel y llegaron hasta su corazón pero su acción no fue en vano ya que después del sacrificio voluntario la rosa se volvió la más hermosa y fuerte de aquel jardín.

¿En realidad si hiciera eso la rosa me mataria?, no tenia ni idea pero la abrazé sin que me importara mucho si moría yo o no, queria que mi rosa siguiera con vida, como era de esperarse las espinas provocaron un insoportable dolor ahora en mis brazos que eran los que más contacto tenían con el tallo, sentía como si absorbieran mi sangre y asi caí desmayada.

Al despertar no la encontre en su lugar habitual, era como si todo hubiese sido un sueño. Pero no lo era porque sentí un dolor en mi antebrazo izquierdo como si hubiese sido apunalado por cuchillos pequeños, la revisé y ahí estaba, impregnada en mi piel.

No lograba comprender el como se transpaso a mi y tampoco quise averiguar. Pero desde ese día no volví a ser la misma, la rosa ya vivía en mi.

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